Fracaso

marzo 20, 2022

Tener la visión clara, ser capaz de discernir y aceptar lo que ocurre es clave en el proceso de superar un fracaso. ¿Dónde nos centramos cuando queremos aprender del fracaso? En la tarea, el objetivo, la meta, el reto: todo lo que salió mal. Y es verdad que salió mal, que el resultado no es el que queríamos, pero ¿qué hay de nosotros? Lógicamente, entender qué falló es fundamental cuando lo volvamos a intentar, pero ¿y nosotras? Centrarnos en la tarea, en el contenido es seguir fusionado con la meta. Y ese no es el aprendizaje del fracaso.

Aprender qué hacer con el dolor del fracaso es el verdadero aprendizaje. El resto, es levantarse rápido para volver a la tarea por seguir teniendo la identidad puesta en el objetivo. Y cuando ocurra de nuevo, seguir sin saber qué hacer con ese dolor porque el fracaso no habrá enseñado nada. Y sí, podré haber aprendido de la tarea, pero seguiré teniendo miedo a fracasar porque no habré atendido a mi dolor.

El miedo a fracasar solo se suaviza si ante el fracaso me centro en mí y olvido la tarea, porque yo jamás he fracasado, ha fracasado el objetivo. Enredarme en las tareas del objetivo es entender el fracaso como algo con lo que me fusiono.

Es normal que traten el fracaso así, porque así también hablan del éxito. Soy más o menos, me siento mejor o peor en función de los retos que consigo. Soy el resultado pero ¿dónde está tu dolor, tu frustración, tu rabia? El aprendizaje del fracaso es dar respuesta a la situación dolorosa y eso jamás se consigue obviándote y yendo al aprendizaje de lo que deberías haber hecho y no hiciste. Eso es no aprender nada del fracaso porque olvidas la parte más importante de la situación, porque te obvias y pasas por encima de ti, porque crees que la tarea eres tú. Y eso no es así, aunque ahora no lo veas.

Nadie nos enseña (la terapia, sí) a reconocer los sentimientos de culpa, los defectos o el fracaso como situaciones que nos hacen sufrir y que debemos acompañar. Consolarte a ti mismo, ser compasiva contigo misma, reconocer ese dolor que siempre, siempre, siempre estará lejos del reto que no has logrado.

Sientes dolor por no conseguir el objetivo que querías, pero tu mente (y a la autoayuda y el coach de turno y el que no sabe qué hacer con su vida y llena ese vacío enseñándote qué hacer con la tuya) se centrará en el fracaso y no en el dolor que ese fracaso provoca. No solo ignorarás el dolor que la imperfección provoca, sino que te irás en el minuto 1 a analizar y decidir qué harás la próxima vez. ¿Dónde estás, dónde estás tú?

Pasarás al modo resolución de problemas, querrás ser resolutiva y eso está bien, pero ese no es el aprendizaje primero, porque ser resolutiva siempre empezará por validar tu dolor. Invertirás tiempo y esfuerzo resolviendo. ¿Y tú? Ahí seguirás perdido, resolutiva, fusionado con la meta sin atender a tu dolor, frustración, tristeza. No atenderás tus necesidades emocionales.

El discurso de que el fracaso es aprendizaje o de que no existe porque es un paso que te acerca al éxito no valida el dolor de fracasar. Nos enseñan a ponernos en ‘modo solución de problemas’ pero en ese problema no tiene cabida tu dolor, tristeza y frustración. Ser consciente del dolor que conlleva la situación difícil, el estrés y la ansiedad que la acompañan es el primer paso para aprender a responder a ese sufrimiento con cariño. Este es el aprendizaje del fracaso, el que es independiente del objetivo no logrado.

Es necesario reconocer el momento difícil, comprender ese dolor y entender que ese dolor merece una respuesta amable y respetuosa. Si no lo haces, tu dolor no recibirá la atención necesaria y te engañarás ocultando un malestar que disfrazarás con lo que esté a tu alcance. Sentimos dolor por no conseguir nuestras metas, pero tendemos a centrarnos en el fracaso y no en el dolor que el fracaso provoca y son dos cosas totalmente diferentes.

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