Para aprender del fracaso debemos primero aprender a no fusionarnos con él. Lo que fracasa es la acción, no yo.  Para ser capaz de hacer esto no puedo fusionarme con el éxito. Ni siquiera debo estar fusionada con la meta. No soy lo que consigo, lo consiga o no lo consiga. Soy, independientemente de lo que me ocurre. Si no me definen mis éxitos tampoco lo harán mis fracasos. Si me identifico con mis éxitos también lo haré con mis fracasos. Básico saber dónde tengo el autoconcepto.

Esta fusión con la meta es la que diferencia a quien sabe tener éxito de quien muere de él. Hay mucho profesional que da lecciones sobre el fracaso desde su fusión con el éxito. Poco podemos aprender de algo si estamos fusionados con ello.

Algunas reflexiones sobre el fracaso:

  1. La mejor forma de normalizar el fracaso es dejando de hablar del éxito porque poco de lo que se cuenta sobre el éxito es verdad. Nadie ‘es’ siempre exitoso, de la misma manera que nadie ‘es’ siempre fracasado. Nadie ‘es’. Parcelas de la vida del exitoso son fracaso, de la misma manera que parcelas de la vida del fracasado seguro que son éxitos.
  2. Aquí pasa como con todo. Lo que define el ser es la conducta exitosa o acertada y yo, como persona, las tengo las dos. Es como la inteligencia: puedo tener conductas inteligentes, pero seguramente no todas mis conductas lo serán. Tenemos conductas exitosas y conductas que son un fracaso. En la conducta final, en la consecución de la meta, no está nuestro valor como persona. Ni nuestra categoría esencial, simplemente comportamental.
  3. Los supuestos modelos de éxito no hablan de la relación entre sus acciones y el logro visible de las mismas. Solo hablan de lo que sale bien. ¿Y lo que sale mal? ¿Y la cantidad de gente que dejas por el camino? Mucho se habla de la importancia de ganar. Poco se habla de lo que se pierde por las ganas de ganar. Y ahí huele a miedo al fracaso.
  4. El fracaso existe y el aprendizaje también, pero que exista aprendizaje no significa que no exista el fracaso.  La autoestima está relacionada con el autoconcepto y si me identifico con el resultado de mis acciones me fusionaré con el fracaso de las mismas. Ahí nace el miedo al fracaso, en el tener el autoconcepto en el logro de la meta.
  5. Para aprender del fracaso lo primero es saber donde tengo mi autoconcepto. Cuanto más repartido lo tenga en distintas facetas menos probabilidad de sentirme fracasada. Si sé que soy independientemente de mis acciones no me sentiré fracasada y podré aprender qué errores he cometido que me han llevado al fracaso de la acción, jamás a mi fracaso. El fracaso no enseña nada si no se tiene la capacidad de aprender.
  6. No solo se aprende del fracaso, ni necesitamos que llegue el fracaso para aprender. Hay personas que fracasan y no aprenden y personas que no fracasan y aprenden constantemente.
  7. En tiempos convulsos no me hables de cosas feas porque lógicamente siento rechazo, aunque tu discurso sea cierto. Para conseguir hablar del fracaso y conseguir que alguien aprenda de él tengo que crear el entorno para ello, de la misma manera que lo hago para conseguir que las personas entiendan la necesidad de cambiar, jamás hablando de la necesidad de ello. El escenario que lleve al aprendizaje lo crearé. Si no, lo único que hago es alimentar resistencias.
  8. La mejor forma de normalizar el fracaso es dejando de hablar de éxito y, sobre todo, de fingirlo. Organizar tu vida en torno al éxito huele a miedo al fracaso.
  9. A veces el fracaso no enseña más que nuestro empeño en sacar algún aprendizaje de todo como compensación al sufrimiento emocional vivido. Lo mismo que el aprendizaje de la adversidad. A veces no enseña nada. Y no pasa nada. No hay nadie con un cuaderno en cada esquina preguntándonos qué hemos aprendido hoy. El juicio final metido en vena.
  10. Si no reconoces que te va mal no aceptas el fracaso. Muchos de los que son incapaces de reconocer que les va mal, dan lecciones de fracaso. ¿Qué credibilidad puedes tener para hablar de fracaso si todo lo que muestras es una farsa, si predicas que la apariencia de éxito genera éxito?
  11. Decir todo irá bien es miedo al fracaso, a que no se cumplan nuestras expectativas. El pensamiento positivo sabe mucho de ese miedo.
  12. Nadie con discurso wonderful te puede dar lecciones de fracaso. Lo wonderful es la anestesia para no sentir los reveses de la vida. No cura, simplemente anestesia porque cuando desaparece sigue doliendo. Y la volvemos a buscar.
  13. Aparte del error y el fracaso está la cagada. La cagada te pasa por gilipollas. Va con el ego. Los narcisos son expertos en ellas. Aquí, la autocompasión del ego alimenta la gilipollez.  Algo que caracteriza la cagada y su gilipollez es que ni siquiera intentas reconducirlo. Porque hay que tener humildad para reconocer una cagada. Hay cagadas que arruinan proyectos y vidas. Pero no por el error humano sino por la gilipollez del narciso.
  14. No puedes ayudar si solo presumes de tus casos de éxito. Todos tenemos casos de éxito, pero si eso lo pones en una altar, si eso tiene un lugar privilegiado en tu web, no ayudas. Ayudas si en vez de publicitar tus éxitos comentas qué hiciste con tus fracasos. Casos de fracaso como aprendizaje vital. Aunque bastaría con dejar de hablar de éxito.

 

Si quieres saber si alguien te puede ayudar a aprender de tus errores y fracasos observa lo fusionada que está esa persona con sus éxitos.