La seguridad de sentirlo todo.

marzo 6, 2022

El mayor problema de las emociones desagradables es nuestro empeño en que desaparezcan. Ante la emoción desagradable buscamos huir. No nos gustan. No apetecen. No las queremos, pero existen. No solo existen sino que son necesarias.

Vivimos rodeadas del discurso de la importancia de sentirnos bien todos los días de nuestra vida y esto es imposible. Imposible porque la vida humana no es así. En este intento de estar siempre bien, con el miedo a sentir malestar, pasamos los días intentando eliminarlo.

Quien habla de emociones positivas y negativas nos dirige a la resistencia y lucha contra ellas. La resistencia al dolor solo acentúa el sufrimiento. Intentar eliminar lo negativo tiene efectos contraproducentes. Empezando por la resistencia que genera tener que aceptar algo ‘negativo’.

Cada conducta de evitación amplifica todo aquello que queremos evitar. No solo se amplifica el motivo del dolor sino que nos convertimos en mantenedores de la situación a evitar. El foco está puesto ahí, nuestra supuesta fortaleza también. Y ahí quedamos atrapados en un camino contra natura. Porque los pensamientos y emociones que nos generan malestar tienen su función e incluso cuando no la tiene también pueden aparecer.

Los pensamientos negativos vendrán, los wonderful también los tienen. Negar que van a venir es negar la naturaleza humana. La trampa del negocio del pensamiento positivo. Las personas no tenemos capacidad de suprimir voluntariamente los pensamientos y emociones no deseados. ¿imaginas ahora la frustración y golpe a tu autoestima que sientes cada vez que un gurú te habla de controlar la mente, pensar en positivo,…?

El intento de suprimir emociones no deseadas hace que surjan con mucha más fuerza y más frecuencia que si las atendemos y aceptamos en cuanto llegan. Aceptar estas emociones, ser compasivas con nosotras sintiéndolas, hará que no necesitemos suprimirlas.

Reconocer que mis emociones son válidas, son importantes y son mías. Contemplarlas así me da seguridad porque no me tambaleo ni me juzgo ante ellas. No soy peor, ni débil, ni tengo ningún trastorno o problema, ni vengo con una tara cuando aparecen. No me produce temor enfrentarme al malestar emocional cuando yo misma soy un apoyo en este sufrimiento.

Cuando entiendo esto, cuando me miro con compasión, cuando desarrollo esta parte de mí que me mira con cariño y comprensión aparece un sentimiento muy agradable. Soy capaz de sentirme bien en mi malestar porque la emoción agradable de comprensión y vinculación conmigo acompaña a los sentimientos dolorosos.

Cuando aprendes a tratarte bien a ti mismo eres algo más que el dolor que sientes. Duele, pero también eres capaz de darte cariño. Eres el dolor que sientes, pero también eres la respuesta amable a ese dolor.

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