Poco se habla de la ansiedad que crean los discursos sobre el propósito vital. Se puede vivir sin tener claro cuál es el propósito de la vida. Yo tampoco sé muy bien cuál es el mío. De verdad que no hace falta darle tanta trascendencia a todo. Eso no te va a hacer necesariamente feliz, incluso te puede convertir en un esclavo; esclavo de vivir, de tu vida y de ti mismo.

Cuando entiendes que la vida no es una lección entiendes que la suerte es haber nacido y, a partir de ahí, ir haciendo. Cuando el propósito es también poder ir cambiando de propósito entiendes que no pasa nada si no tienes un propósito vital que dé sentido a todos los días de tu vida. Porque no me negaréis que lo de los retos y propósitos vitales no es un tema cansino. Aquí, una vez más, no es el tema en sí sino la necesidad de hablar de ello. ¿Cuál es tu propósito vital si necesitas hablar de tu propósito vital?

Que no se me malinterprete. En absoluto me refiero a ir dando tumbos. Se trata de saber cuáles son tus valores. Si no sabes cuáles son los vas a descubrir en aquellas situaciones en las que estás mal: cuando no te llevas bien con los miembros del equipo y no puedes trabajar bien, cuando tu pareja hace eso que sabes que no deberías tolerar, cuando te mienten, cuando ponen por encima un proyecto a la amistad, cuando no se comunican como tú necesitas comunicarte…Cuando surge el malestar siempre es porque esa situación que estamos viviendo no está alineada con nuestros valores.

Entre ir dando tumbos y la necesidad de vivir en la trascendencia es donde acampa la vida. La vida, tu vida, trascenderá sola independientemente de tu necesidad de trascendencia. Es más, la necesidad de trascender es en muchas ocasiones un vacío. Da igual si tienes hijos que te sobreviven, escribes un libro que continúa en las estanterías cuando tú te hayas ido. Da igual. Trasciendes para tu gente. La vida trasciende sola. Tu vida ya es importante. Por existir. La vida ya era el fin.

Los retos siempre están, independientemente de la necesidad o no necesidad de hablar de ellos. Todos tenemos retos, incluso quien no pasa los días en torno a un reto quizá tenga el reto de no tener retos. Ninguna vida es mejor, ninguna hazaña es mejor. ¿Qué tienes que demostrarte? La necesidad de tener que demostrar siempre parte de la inseguridad. Quien está segura de lo que hace no habla de demostrar, no tiene que demostrar.

Quien hace de vivir un reto no necesita hablar de retos. La vida es mucho más sencilla cuando nos alejamos de discursos épicos y trascendentes, de esos que se divulgan subidos a un altar. La vida es más satisfactoria cuando elegimos el camino y caminamos. La vida es mejor cuando conocemos las conductas que nos impiden avanzar y las cambiamos. La vida es mejor cuando cambiamos sin hablar de cambio, cuando decidimos sin dar demasiada importancia a la acción de decir, cuando nos equivocamos sin identificarnos con ese error. La vida es mucho más fácil cuando miras a tu alrededor. La vida es mucho mejor cuando te centras en la vida.

Vivimos rodeados de la presión que ejercen quienes solo hablan de propósitos. Propósito también es hacer las cosas de cada día con amor. Propósito es dejar de mirar hacia delante. Tener el reto de otros retos: el reto de aprender a querer, de entrenar la generosidad. El reto de poner a las personas por encima de proyectos profesionales, el de entender que los demás también tienen retos, y que los suyos son tan importantes como los míos. Entender que jamás voy a ser más ni menos que nadie. Que mi tiempo va a valer lo mismo que cualquier otro tiempo. Jamás mi reto será más importante por mucha posición que ocupe. Jamás valdré más que nadie. Entender que también es reto de dejarme querer, permitir que me encuentren, dejar de buscar, pedir ayuda y dejarme ayudar.

Afortunadamente existen muchas personas que no hablan de reto y entienden y se aprovechan de cada uno de sus días porque tienen el reto de entender que la vida ya es el mayor de los retos.