Tú delante. Ella detrás.

julio 4, 2021

Escrito por MJ Giménez Caimari

Salir de una relación en la que juegan con la culpa y sentirte culpable es normal, ¿crees que puedes sentirte de otra manera con alguien que ha jugado con la culpa? Si cuando le dices que no te sientes culpable y cuando le dices que sí también, han jugado con la culpa. Y la tienes ahí, ejerciendo de culpa, a todas horas presente, haciéndolo genial, que para eso lleva años instalándose en tu vida. La culpa te hace sentir mal. Lógico. La culpa hace de culpa y lo hace bien, para eso es culpa. Hace tiempo escribí sobre ese mal bicho. El problema de esta culpa es que ha perdido su función de reparar y se ha teñido la han teñido (la culpa solita no hace nada) de significado moral: me siento culpable sin serlo o sea, soy mala persona. Mal. La única forma de decir que no y empezar a poner límites es poner límites y decir que no. Con culpa. No pasa nada por sentir culpa. Como no pasa nada por hacer cosas a pesar de la tristeza o a pesar de la ansiedad. Es la única manera, porque por mucho que pienses en positivo, por mucho que te pongas delante del espejo, que te des autoamor, te digas que lo mereces o empapeles tu nevera con frases positivas, no va a llegar el día en el que puedas actuar sin sentir culpa. Es que me siento muy culpable. Ya.

Nos han metido en el mundo de creer que hay que luchar contra lo que no va a desaparecer. Lo normal cuando llevo tiempo en una relación en la que se ha jugado con la culpa es sentir culpa. Creer que llegará el día en el que no la sentiré y entonces diré que no y actuaré como creo que debo hacer es un error.

Nadie te va a enseñar a que no sientas culpa. Luchar contra ella la hace más grande. Querer matarla le da protagonismo, lo mismo que pasa con quien te habla de no miedo, no ansiedad…mentira, mentira y más mentira. El problema no es el miedo, el problema es lo que hace el miedo contigo. El problema no es la culpa. ¿Es molesta? Sí. Hasta que deje de serlo, hasta que la conviertas en compañera de viaje, la aceptes, incluso le hables y le digas lo aguafiestas que es. Hemos aprendido a sentir culpa, a sentir miedo o ansiedad y lógicamente aparece. Sin embargo, lo que hemos aprendido para un lado lo podemos aprender hacia el otro. ¿Cómo? Haciendo como si.

Sabes que no eres culpable de nada, que has actuado correctamente, sabes lo que debes hacer. ¿Qué harías si no sintieras esa culpa? Hazlo. Eso es lo que tienes que hacer. Como si.

No pasa nada por sentirte culpable. ¿Es desagradable? Sí, pero no pasa nada. Normalizar los procesos de malestar hacia el objetivo de estar mejor y modificar conductas es fundamental si queremos salir de este laberinto de felicidad enlatada e irreal. Si aceptas la culpa y pones la atención en lo que sabes que debes hacer la culpa irá bajando el volumen. Si luchas por no sentirla la haces más grande. Pensar no debo sentirme culpable tiene la palabra culpable en la oración. Piensas una frase en la que está la palabra prohibida. Imposible salir de ahí. No pasa nada por sentirte culpable. La aceptación, el pasar de ella, el ‘sí, me siento culpable y qué’. Me la llevo conmigo a la playa, al súper, a trabajar, al café con mi amiga, a limpiar el baño. Yo delante, ella detrás, hasta que se canse. Se cansará. No la primera semana, ni el primer mes, pero se cansará. Recuerda: tú delante con tu decisión correcta, ella detrás.

Evitar el sufrimiento te aleja de aquello que te hará feliz. La única manera de salir de ahí es aprendiendo a salir de ahí saliendo de ahí, a pesar de sentirte culpable. Es el camino. Tu camino. Y a la culpa y a quien ha jugado con ella ¡que les den! Nos rodea mucho discurso de tener valentía para perseguir sueños y para alcanzar la felicidad, pero poca valentía para aprender a vivir y manejar el malestar. Para estar bien hay que estar mal. Tomar decisiones implica sufrimiento. El camino de la felicidad no es feliz. El camino de la felicidad implica tomar decisiones desagradables, sensación de inestabilidad, sentir la paradoja humana de dar ese paso hacia la inestabilidad que será la que te traerá sensación de control de tu vida.

¿Qué harías si no sintieras el fantasma de la culpa? Actúa como si no la sintieras. Tú delante, ella detrás. Te seguirá. A medida que avances cogerás velocidad y ella se cansará. Me vas contando.

Entradas relacionadas

Ilusión de autocontrol

Ilusión de autocontrol

Creer que podemos controlarlo todo nos da poder y seguridad y nos mete en el mundo de creer que la vida y todo lo que en ella nos pasa es previsible. El control es una ilusión. Hay aspectos de la vida que siempre se escaparán del control, la vida misma se escapa del...

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *