Un día cualquiera.

Cuatro de septiembre. Tengo escritos esparcidos por todas partes. En el ordenador, en el móvil, en papel, en mi casa, en casa ajena, en el coche. En cuadernos o trozos de papel. En servilletas o tickets de compra. En una estantería, en cualquier cajón, en el maletero del coche. Así soy.

Esta semana he encontrado algunos de los que ni me acordaba. Este texto es una carta que escribí a los Reyes Magos el 5 de enero pasado. No me acuerdo de que la escribiera, tampoco recordaba si la había publicado o no. Mucho menos sé por qué no la publiqué. Qué más da. La cuelgo tal cual, hoy, cuatro de septiembre, con la mirada puesta en el año que venía.

Desordenada, de dispersión fácil con lo de fuera, pero con el eje, con mi eje bien puesto. De haber sabido que se avecinaba lo que dos meses después llegó, no hubiera cambiado ni una coma. Ahí va.

Querido 2020:

Te pido voluntad, esfuerzo y perseverancia para ir tras mis propósitos. Constancia y disciplina para alcanzar la excelencia en todos y cada uno de ellos. 

Mis propósitos:

  1. Terrazas al sol. Yo en ellas.
  2. Noches en vela hablando hasta el amanecer.
  3. Renacer en cada amanecer.
  4. Morirme de sueño al día siguiente. Por Dios, qué más da, es solo sueño.
  5. Llegar agotada al lunes.
  6. Llegar muerta a la muerte.
  7. Vísperas de no saber qué voy a hacer al día siguiente.
  8. Días llenos de helado de vainilla con nueces de macadamia.
  9. Noches de vino blanco.
  10. Sobremesas eternas.
  11. Juegos de mesa.
  12. Siestas después de desayunar.
  13. Postres antes de comer.
  14. Aperitivos a todas horas.
  15. Saltarme la agenda para ver a alguien.
  16. Improvisar. Más.
  17. Duchas calientes sin prisa.
  18. Nadar en mi mar a las 8 de la mañana.
  19. Ciudades que despiertan cuando yo ya estoy despierta.
  20. Muchos semáforos.
  21. Huevos fritos con patatas.
  22. Mi nomadismo.
  23. Conocer todos los lugares que pueda.
  24. Tener amigos en todas las ciudades.
  25. Seguir conociendo a alguien interesante cada día.

Seguir estresándome, creyendo que no llego a todo, pero sabiendo que voy a llegar. Quiero ese día de explotar, de no poder más, de que la voz se me va un poco de tono, porque ese día también soy yo.

Estar con ellos. Con mis tres hijos, con mi hija. Estar. Acordarme del regalo de esos meses que fueron yo. Que me sigan enseñando. Que sigan siendo responsables de mi forma de ver el mundo. Porque me educan ellos. Hemos cruzado puentes. Seguir cruzándolos. Quiero enseñarles mundo. Quiero que me abran al nuevo mundo. Quiero seguir cuidándolos e intentando sacar lo mejor de ellos. Quiero que sigan sacando lo mejor de mí.

Quiero seguir valorando los ‘te quiero’ que doy y que recibo. ¿Cuántos te quiero te darán este año? Saber que para que te quieran primero hay que querer. La generosidad con los generosos, la empatía con quien la merece. La ignorancia con los ignorantes. Adiós al egocentrismo. A muerte con la mentira.

Quiero quedarme como estoy. Quiero reír y llorar. Confiando y mandando a paseo. Agradeciendo. Recordando lo bueno. No olvidando lo malo, sintiendo ese rencor que me recuerda lo que no voy a permitir. Recordar cada mañana que lo único que necesita el mal es que el bien no haga nada.

Mis padres. Ser hija. Ser hermana, tía, cuñada. La cara de mi madre cuando le cuento mi vida. Su cara de sorpresa, que es la misma que cuando le contaba mis aventuras con veinte años. El apoyo incondicional de mi padre. Sus ojos,  seguir viéndome en ellos. Mis amigos. Ellos. Mis eternas conversaciones con ellos, lo que me enseña su forma de ver el mundo, su capacidad de relativizar alguna de mis obsesiones. Nuestra complicidad y nuestras risas. Mis amigas. Ellas. Mis conversaciones con ellas, nuestras manías y nuestras risas, nuestro entrenamiento en pasar más de nuestro coco y en hacernos menos caso. Nuestros brindis acompañados del  ‘a tomar por culo’. Mi trabajo, lo que tengo y lo que vendrá. La satisfacción de aliviar cada día a las personas. Ser alivio.

Hay quien dice que estas son las cosas sencillas de la vida. No es cierto. Si fuera sencillo lo haríamos más a menudo. Lo sencillo es quedarnos en el sofá cuando nos puede la pereza y pasar de ir a ver al amigo. Lo sencillo es cumplir a rajatabla la agenda y autoengañarnos con que no podemos cambiar nada porque hemos elegido la mejor manera de vivir. Lo sencillo es tener que apuntar hasta los cafés con los amigos para dentro de tres meses porque nuestra agenda está llena. Lo sencillo es quedarnos enredados en las redes sin una finalidad. Lo sencillo es habernos convencido de que si perseguimos sueños no los podemos cambiar. Lo sencillo es seguir creyendo que ser productivo solo es trabajar.

Hacer todo esto no es sencillo. Lo sencillo es la rueda del hámster: las reuniones, lo doméstico, el trabajo, seguir teniendo la percepción de libertad de quien es incapaz de salir de él mismo. Lo fácil (y triste) es decir “tenemos que vernos más”. Lo difícil es vernos. Lo difícil cuando estamos con un amigo frente a un café es entender que eso es lo grandioso de la vida y por eso es complicado hacerlo.

Al año que empieza no le pido nada, porque soy yo la que se le voy a dar todo. Como siempre.

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