No es verdad.

No hay día que pase sin que hable con alguien que afirme: ‘tengo que cambiar muchas cosas de mí’ ¿Por qué?, le pregunto yo.  Si algo tienen en común las personas que verbalizan la frase es haber llegado a la conclusión de que hacen las cosas mal. Estas personas se han convencido de que tienen un montón de aspectos de su vida que cambiar porque a menudo se ven invadidas por pensamientos chungos que las invalidan. El tema de los pensamientos invasivos y nuestro empeño en identificarnos con ellos, la manía de creernos todo lo que pensamos cuando no todo lo que pensamos es cierto, lo dejo para otro día.

Hoy quiero reflexionar sobre el sufrimiento que conlleva luchar contra lo que no haría falta luchar si no fuera porque vivimos rodeados de mentiras que van minando la salud mental, instalándonos en la insatisfacción y el malestar. Porque, al final, lo que nos lleva a sufrir es la lucha, no el motivo de la misma.

Vivimos rodeados de gente que hace de la idealización de la vida su modelo de vida. Y da igual si lo hacen desde la vanidad espontánea o desde el deseo de ayudar a los demás públicamente (más vanidad). Vivimos rodeadas de lecciones de vida de modelos que no son la vida.

Para ir evitando luchas estériles e infructuosas he hecho una lista de algunas de las mentiras de los que pretenden dar lecciones de vida:

  1. No es verdad que su vida sea siempre maravillosa.
  2. No es verdad que sus relaciones de pareja no pasen por malos momentos.
  3. No es verdad que estén siempre de buen humor con sus hijos.
  4. No es verdad que jamás acaben la paciencia.
  5. No es verdad que todos tengan el trabajo de sus sueños.
  6. No es verdad que solo vivan rodeados de gente maravillosa.
  7. No es verdad que sus padres sean  referentes y sus madres las más amorosas.
  8. No es verdad que sepan siempre cómo solucionar sus problemas.
  9. No es verdad que nunca estén tristes.
  10. No es verdad que no sientan rabia o rencor hacia alguien.
  11. No es verdad que siempre construyan.
  12. Ni que sumen.
  13. Ni que sonrían siempre.
  14. Ni que aporten.
  15. Ni que jamás pierdan el tiempo.
  16. Ni que sepan siempre qué hacer con él.
  17. Ni que se lleven bien con todo el mundo.
  18. No es verdad que no se frustren o se quejen.
  19. Ni que no tengan miedo.
  20. NO ES VERDAD. NO SON VERDAD.

Solo es verdad su necesidad de agarrarse a la fantasía de lo que les gustaría que fuera la vida. Su necesidad de fingir. Sus carencias. Su vanidad. El no entender que la vida es como es, no como quisiéramos que fuera. No entender que ser así no es ejemplo de nada más que del vacío que se siente cuando no se tiene el coraje de mirar la vida (ni nada) de frente.

 

Veo demasiadas personas que creen que han fracasado cuando NO ES VERDAD. Lo creen y están convencidas de ello. Lo creen porque vivimos en una farsa sin ser conscientes de que quien tiene el problema es quien finge tener la vida que no es. Lamentablemente, la vanidad no visita al psicólogo.

No sirve de nada aleccionar contra el fracaso en una sociedad en la que el éxito se finge. Jamás se podrá normalizar el fracaso con unos modelos que no se atreven a sincerarse con la vida. Incluso muchos de los que pretenden hablar del fracaso lo hacen desde su pedestal de aparente éxito, fingiendo lo que no son.

Esa sensación de falso fracaso se cuela en forma de pensamiento invasivo y destructor contra el que se desea luchar. Porque la vida siempre debe ser maravillosa, porque hay que saber qué hacer con ella, luchar por los sueños, tenerlos (no se te ocurra no tenerlos) y tener claro el propósito vital. Porque si tengo alrededor alguna persona con la que tengo problemas es porque no sé gestionar mis relaciones, si mi trabajo no me gusta es porque soy incapaz de salir de mi zona de confort, si tengo problemas con mis hijos es porque soy un padre horrible o una madre horrorosa, si me enfado es porque no soy inteligente emocional.  Basta.

Nada de eso es la vida, nada de eso es verdad, pero luchamos contra ello porque es lo que nos enseñan quienes no se atreven a  mirar la vida de frente:  sus alegrías y tristezas, éxitos y fracasos, amores y desamores. Impaciencia, rabia y enfado. Felicidad, risas y amor.  La vida.  Tu farsa.

Luchamos contra la vida de verdad sin saber que lo otro es mentira. Nos frustramos y nos castigamos cuando  la vida real se empeña en aparecer.  Nos enfadamos y culpabilizamos, pensando que quienes van mal encaminadas somos nosotras sin saber que quien necesita ayuda es quien no tiene el coraje de salir al mundo con la verdad. La soberbia, la vanidad, el ego. El postureo, la farsa. Y les digo a mis pacientes: no te pasa nada, ni tienes que luchar contra nada porque tú ya sabes lo que es la vida. Luchar contra la vida real genera un sufrimiento enorme, porque la vida de verdad siempre acaba teniendo razón. Esa lucha lleva al sufrimiento eterno porque esa lucha será eterna.

Vienen tiempos complicados, en los que los simuladores de vida perfecta se pondrán sus mejores galas para seguir huyendo de sí mismos. Nos inundarán con todo tipo de fantasía para evitar enfrentarse a sus vidas. Ojalá entendamos que muchas de las cuestiones de las que hablan desde la supuesta profundidad y trascendencia son consecuencia de pasar de puntillas por la superficie de la vida. Sin hacer ruido, no vaya a ser que se pongan tristes o se frustren y no sepan qué hacer con ello.

Aprender a mirar la vida de frente nos lleva a la compasión por nosotros mismos. Aceptar la vida nos enseña a permitirnos el enfado, la rabia y la impotencia.  Amar la vida nos ayuda a tolerar la tristeza, la frustración,  la ansiedad y llegar a querer a nuestros miedos. Querernos porque queremos la vida. Querer la vida porque nos queremos a nosotras. Sin mentiras ni engaños. Porque somos sinceros con nosotros mismos y, sobre todo, porque hemos aprendido a rodearnos de personas que no necesitan mentir para vivir la vida.

2 respuestas para “No es verdad.”

  1. Muchas gracias por tu blog, huía, anduve en religiones, ley de atracción, el poder fel ahora y cuanta cosa, lei happycracia, te leo a ti en twiter y este blog, y me esta ayudamdoba no escapar más de la realidad, de mi, duele la vida

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