Mandar a paseo.

Veo mucho poner la otra mejilla, aunque no seamos conscientes de que la estamos poniendo. Veo mucho esfuerzo en gestionar las emociones, esas emociones que existen como consecuencia de la conducta inaceptable de  otro. Veo estrategias para aguantar lo intolerable. ¿Esto qué es? No siempre se puede salir de ahí, me contestaréis. Cierto, pero el camino, los recursos, la solución y las energías deben ir hacia allí: hacia salir del trabajo de mis sueños de la mierda de no llegar a fin de mes.

Si algo critico a mi educación es, entre otras cosas, el encorsetamiento y la rigidez en ciertos temas que luego la vida me enseñó que no eran así. Pues, queridos amigos, ¿de qué nos vale salir de ese encorsetamiento si hemos cambiado lo de venir al mundo a sufrir por toda la morralla de que el sufrimiento y el fracaso es lo que nos hace crecer?. Porque digo yo que mi abuela ya aprendió a gestionar sus emociones a su manera para sobrevivir a la época. No os vayáis a creer que nos hemos vuelto listos ahora. Y de su mindfulness rezando el rosario, ¿qué me decís?

El ser humano siempre se ha ingeniado con recursos para hacer más llevadera su existencia, pero de lo que se trata no es de sobrevivir. Seguimos sin aprender de lo bueno. Seguimos necesitando perder lo bueno para valorarlo. Seguimos soñando con lo bueno mientras nos enseñan cómo tolerar lo malo. Seguimos con el mismo disco rayado, con la misma cantinela. Mismos perros con distintos collares.  Porque da igual si es el sacrificio por ganarnos el cielo o la gestión de las emociones para tolerar jefes tóxicos, parejas insoportables y compañeros odiosos. Gestionar las emociones para aceptar y para ser sumisos. Sacar callo para poner la otra mejilla. Porque queda mejor saber gestionar el sufrimiento que aprender a alejarse de él.  Queda mejor crecer en la adversidad que enfadarse como una mona. Queda mejor enredarme en las emociones que ser consciente de que no sé poner al otro en su sitio porque no sé ponerme en el mío.

Pocos enseñan a enviar a la mierda. Siguen sin enseñarnos cómo rebelarnos, cómo decir “hasta aquí”. Porque ese argumento de que la actitud del otro no depende de nosotros, que no la podemos cambiar y que debemos gestionar nuestra emoción ante eso, es supervivencia. Es reacción.  Es dependencia.  Nos convertimos en seres reactivos a expensas de con qué pie se ha levantado el otro. Desgaste emocional inmenso, desperdicio de todo nuestro potencial  gestionando las emociones que nos provoca cualquier ser despreciable. Marionetas.

De la misma manera que nuestra gestión es respuesta al comportamiento del otro, la actitud y conducta del otro será respuesta a nuestro comportamiento. Si aprendo a gestionar mantengo el problema. ¿Hasta cuándo? Hasta que me dé cuenta que se me va la vida llamando gestión emocional a no saber salir de ahí.

Mandar a la mierda no es fácil, pero es una posibilidad y como tal debe ser estudiada. Hay que analizar los recursos y posibilidades que tenemos para salir de ahí. Ese es el camino. El camino que no cogemos mientras estamos gestionando nuestras emociones para aguantar. Porque esa gestión supone esfuerzo y poca energía queda para planear otro camino. La realidad y rutina diaria nos van comiendo mientras regalamos día a día la otra mejilla.

Últimamente han aumentado las cuentas en RRSS que denuncian la precariedad laboral. Cuentas que dan visibilidad a la desvergüenza de algunas condiciones laborales. Llama la atención la mala gestión de las emociones de los responsables de esos anuncios en los que se exige a los candidatos flexibilidad, capacidad de trabajar bajo presión, alta tolerancia al estrés. Y es que llevamos años en ese camino, en el de te pagan poco pero en casa cobras menos, es la forma de tener experiencia, tú aguanta y tendrás recompensa, los principios siempre han sido duros, o cualquier castillo en el aire que jamás llega.

Estoy convencida de que cuanto más habla alguien de lo complicado del mundo laboral más contribuye él a complicarlo. Porque la cosa es sencilla: necesitas un trabajador, ¿tienes dinero para contratarlo con las condiciones que el puesto requiere? Sí: contrata. No: no puedes contratar.

Horas extra sin cobrar, contratos por menos horas de las trabajadas, falsos autónomos,… Con promesas de el trabajo de tu vidarendirse es de cobardes, lo bonito de los inicios, la emoción y los sueños y todo eso de que todo lo que merece la pena conlleva mucho esfuerzo.  ¿Por qué os ponéis nerviosos si lo estáis haciendo todo bien? ¿Por qué os ponéis a la defensiva ante la denuncia de precariedad si estáis ofreciendo lo mejor para vuestros empleados? ¿Por qué no hablamos de esto y dejamos de desgastarnos gestionando emociones que abonan situaciones inaceptables? ¿Por qué no acabamos todos con la moda de poner nombres molones a situaciones denunciables? Porque todos necesitamos trabajar, todos tenemos cosas que pagar y a todos nos cuesta la vida. Porque todos vamos en este barco. 

Os animo a seguir a Alejandra de la Fuente en sus perfiles de Twitter: @JobsMierda Facebook: Mierda Jobs Instagram: Mierdajobs. Saca a la luz las mil caras de la precariedad laboral: contratos inexistentes, falsos autónomos, horas extra sin pagar y los mil timos del humo en RRHH. Porque ha llegado el momento de que la empatía y la inteligencia emocional se ponga en el otro lado.

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