IP (Parte II)

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Antes de tirarme de cabeza a una rutina que me genera estrés, he hecho mi particular lista  para saber si lo mío se trata de una pereza normal o algo más serio. Me servirá para saber qué grado de adaptación quiero en este momento concreto de tu vida, analizando MIS deseos, MI realidad y MI margen de maniobra. Ahí va.

1.-Vuelvo al trabajo después de las VACACIONES. Es lo que pasa por tener trabajo y vacaciones. Lo que deprime y angustia es no tener trabajo. Un poquito de perspectiva, de relativizar, de valorar lo que tengo. Tengo trabajo y vacaciones. Casi ná. Drama del primer mundo 1- Drama real 0.

2.-Me cuesta volver como CADA AÑO. La situación no es nueva. Si la repito es porque la superé (porque, a pesar de lo mal que lo paso a la vuelta, a las vacaciones no renuncio). ¿Y los consejos de los últimos años? ¿No me queda ningún aprendizaje de todos los años anteriores? Las emociones que acompañan volver al trabajo ya las debería conocer.

3.-¿No siento pereza los domingos? Llega el lunes y la supero. Pues igual. Quizá deba hacerme menos caso. Hay momentos que contemplar todo lo que pienso y siento es totalmente perjudicial para la salud. Hay situaciones en las que hay que pensar menos y hacer más.

4.-Me paro a pensar si esa ansiedad que siento es exagerada o tengo la pereza de todo hijo de vecino. La inercia de la horizontalidad sigue ahí. Para todos. A mí eso del mal de muchos siempre me ha consolado.

5.-Como nadie me anima a que me cuestione si lo que pasa es que mi vida trabajo me amarga de verdad, me dejo guiar por los consejos de los expertos para adaptarme a mi rutina diaria.

6.-Así, me agencio una lista de instrucciones de cómo enfrentarme a mi dramática situación. Qué casualidad que la persona que me pasa la lista sea la misma que me pasó las instrucciones sobre cómo aprovechar las vacaciones para conectar al máximo con la vida.

7.-¿Qué pasa en mi trabajo en mi vida que me recomiendan incorporarme en miércoles o jueves para que no se me haga tan largo? ¿En serio? ¿De verdad no soportaría empezar un lunes o un martes? Tengo un problema con mi vida trabajo.

8.-Sigo leyendo los consejos y me quedo tranquila porque me aseguran que en dos semanas me habré adaptado a la situación. Sí, a esa que me genera ansiedad. Y me quedo tan ancha. Adaptada a una situación que me produce insomnio, irritabilidad, ansiedad…Y quiero adaptarte a ella. Día tras día. Año tras año.

9.-Es bastante probable que quien me aconseja la manera de superar la vuelta al trabajo, aparezca en mi vida dentro de un mes hablándome de la importancia de salir de la zona de confort. El mismo que me ha ayudado a meterme en ella sin hacerme cuestionar si los niveles de ansiedad que experimento son correctos o no. Porque ahora estoy ahogada en mi zona de confort adaptada a mi situación.

10.-Si tengo un trabajo de mierda, con malas condiciones laborales, un mal clima, monótono, me pagan una porquería NO QUIERO normalizar los síntomas del “síndrome”, pues son una señal de todo lo que debo cambiar en mi vida cuando buenamente pueda. No los voy a pasar por alto, no haré nada para silenciar esos síntomas. La ansiedad que siento me alerta de lo que me crea malestar. Seré consciente y aprenderé a vivir con ellos mientras busco como una loca la manera de salir de ahí.

11.-Lo que me motiva es me guste lo que hago, no las frases motivadoras que me tendré que poner CADA MAÑANA para soportar mi calvario diario buena adaptación hasta las vacaciones de Navidad.

12.-No voy a llamar síndrome a un proceso adaptativo normal de mi vida porque no lo he hecho en ningún cambio incómodo que he sufrido, por mucho insomnio, ansiedad o tristeza que haya padecido. Me divorcié y no tuve un síndrome postmatrimonio, a pesar de que los síntomas duraron mucho más de dos semanas. Cambié de ciudad y no me etiquetaron con el síndrome postmudanza, a pesar de que la cosa adaptativa no es nada fácil. Cuando me jubile no quiero que esos que me ayudan a volver al trabajo me ayuden con el síndrome postvidalaboral. Me niego a tener un síndrome por cada PROCESO ADAPTATIVO NORMAL de la vida.

Lo de haber acabado llamando síndrome a un proceso normal es sucumbir a los encantos de quien me cuenta que la vida tiene que ser siempre fácil pero no me enseña a cuestionarme qué es lo que va mal y cómo solucionarlo. He caído en las redes de tratar momentos importantes de mi vida sin profundizar en las causas. He caído en el parche fácil.

No tiene NINGÚN SENTIDO ni justificación hablar de síndrome en un proceso normal. No beneficia a nadie. A la Psicología, tampoco, porque de semejante jueguecito salen tres consecuencias:

1.- Patologizar los procesos normales de las personas. Eso que vamos criticando por otro lado ahora lo cedemos como titular, aunque luego expliquemos que no lo es.

2.- Justificar con una etiqueta lo que es responsabilidad nuestra. ¿Estoy insoportable? Es que tengo el síndrome postvacacional. No, tengo una perezaquememuero, como todo hijo de vecino. Y la “insoportabilidad”, el autocontrol, la conciencia del proceso de adaptación y el pasar a la acción es responsabilidad mía, no de un síndrome que no tengo, básicamente porque no existe.

3.- Mezclar situaciones normales y patológicas en el mismo saco, las que se resuelven solas y las que necesitan ayuda profesional. Que adorne mi pereza de síndrome invisibiliza a las personas que sí pueden sentir una ansiedad o un estrés no adaptativo. Flaco favor hacemos.

 

Después de investigar el tema me quedo tranquila porque sé que como ser humano tengo dos grandes capacidades. Tú también las tienes:

  1. La capacidad de adaptación a situaciones normales de la vida (los niños también, dicho sea de paso).
  2. Capacidad de cambiar lo que no me gusta de mi vida. Pero para eso hay que parar, pensar y tomar decisiones. Las decisiones traerán consigo procesos adaptativos nuevos. Y será mi responsabilidad saber que como ser humano tengo capacidad de adaptación suficiente para afrontarlo, a no ser que alguien me la vaya castrando.

Si volver a la rutina te genera unos niveles de ansiedad importantes, problemas de sueño (de los de verdad, no por cambiar horarios), irritabilidad, estrés o una tristeza exagerada, tal vez debas dedicar los últimos días de tu conexión estival con la vida a pensar en ti y en tu vida. Si no sabes cómo hacerlo, si te atascas en el proceso, te cuesta y  crees que necesitas ayuda, no dudes en buscar un buen profesional de la PSICOLOGÍA.

¿Has leído la primer parte? Invento Postvacacional (IP Parte I)

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