Tú me dices, yo interpreto.

cactus

 

Si alguien te dice “no puedes” en realidad te está diciendo “yo no me atrevo.”

Genial.

Lo de desconfiar del prójimo está de moda. No hablo de desconfiar teniendo motivos para hacerlo. Es de género idiota confiar en todo el mundo. Hablo de desconfiar por desconfiar. Me refiero a dedicar el tiempo libre a sentarte cómodamente en el sofá y pasar el rato compartiendo hostilidad.

Porque claro, a ti no te engaña nadie. Sabes perfectamente la intencionalidad de las palabras del otro. Te dicen una frase y sabes perfectamente lo que te quieren decir. Eres listo.

Quizá no puedes. Pero tú sigue creyendo ciegamente en ti. No escuches. Tú ya sabes que él querría pero no se atreve. Estás convencido de ello.

No trates de diferenciar quién te aconseja, ni los conocimientos que tiene del tema. Todos los consejos valen lo mismo. Te envidia. Lo sabes.

Quizá sea sincero. Quizá te lo diga en serio, con conocimiento de causa. Quizá tenga argumentos que justifiquen su opinión. Porque a veces desde fuera se ve lo que no se ve desde dentro. No le preguntes por qué opina que no serás capaz. No es necesario. Él tiene miedo, tú no. A ti nadie te engaña.

Sigue interpretando las palabras del otro como cobardía suya. O como envidia. Como prefieras. Para valiente ya estás tú. Y recuerda: quien te envidia te hace valioso.

O quizá tengas razón: puede que no se atreva. Pero no le preguntes por qué. Quizá tenga motivos reales y fundados para no atreverse y los quiera compartir contigo. Quizá te quiera ayudar. Ah no, que aquí nadie ayuda.

¿Para qué escuchar su historia? No hace falta que te la cuente. Tú sabes que te mentiría. Él lo único que desea es que no puedas. Quiere verte hundido, en el suelo, derrotado para luego decirte: ‘ ya te lo dije’.

Pues nada, sigue así, a tu bola. Hasta que te estampes. Entonces tendremos que aguantarte. Y algunos, levantarte.

Solo tú eres valiente y honrado. Maravilloso.

Y así vamos, sembrando recelo, alimentando rivalidad, creando desconfianza gratuita. Así estamos sin darnos cuenta, poniendo nuestro granito de arena en construir un mundo cada día menos solidario, menos habitable, más hostil, más inhumano.

 

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